jueves, 27 de julio de 2017

Petrificado en tus laberintos

Estas allí,
sentanda en un orilla del tiempo
que no me decido
si la quiero en los mañanas
que aún no me visitan,
o en los incontables mañanas
que se quedaron adormecidos
en los ténues destellos
del gélido crepúsculo del ayer.

Y en ese borde del tiempo
tus labios centellan
y los vuelvo a morder
en una esquina solitaria
de aquel viejo barrio
y aquellas calles empolvadas
que vieron nuestros primeros besos.

Y los tibios rayos de sol
de atardeceres infinitos
que siempre brillaban intensos
aunque escamparan plomizos arcoiris
iluminan tu rostro virgen
y tus pechos redondos
como lunas llenas
carentes de lobos todavía
en su casta alborada.

Se me quedaron centenares
de miradas perdidas
y petrificadas
en los laberintos
de tu melena
de indomable Medusa
que arrastraba piedrecitas
de multitud de colores
por los ríos de ilusión
que me manaban desde dentro.

Y en ese canto del tiempo
en el que te encuentro
te deseo ataviada
de la seda
de un amanecer
que despierta
de una noche eterna
en la que tus pechos
fueron mi fuente de vida
mi Nilo teñido de rojo
y tus muslos fueron
el sarcófago
en donde embalsamamos
los fieros deseos
de noches egipcias
de vehemente pasión.


@SolitarioAmnte / vii-17









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